‘Gracias a la genética, mexicanos tienen mayor resistencia al Covid-19 que otras razas’

Gil recordó al clásico: es el error de la luna que se acerca demasiado a los hombres y los enloquece. Gamés considera que en estos días podría escribirse algo así: es el error del coronavirus que se acerca demasiado a los periodistas y los enloquece.

Gilga leía su periódico El Universal como lo hace cada día para buscar información y opiniones. En ésas y éses estaba (hay que ser incluyentes incluso en la pandemia) cuando tropezó con el artículo del columnista Salvador García Soto en sus bien conocidas “Serpientes y Escaleras”. El título de la pieza (llamémosle de alguna forma): “Esperan hasta 2 mil muertes por Covid-19 en México”.

Agárrense (no empiecen, esto es serio), García Soto escribe, revela, desvela, aclara, muestra que en una reunión del gabinete legal y ampliado a la que convocó el presidente Liópez Obrador, “el equipo coordinador de la estrategia contra el coronavirus, encabezado por el subsecretario Hugo López-Gatell y su equipo de epidemiólogos, junto con el ausente secretario de Salud, Jorge Alcocer, y el titular del Insabi, Juan Ferrer, le informaron al Presidente, que la cifra estimada de mexicanos que morirían por este virus va de los 400, hasta los dos mil fallecimientos, la proyección más alta”. Gil ha entrecomillado y nadie podrá acusarlo de poner comas atrabancadas y tiempos verbales del presente, el pasado y el futuro.

Genes heroicos

Las cifras que según García Soto le dieron al Presidente (él escribe y afirma como si hubiera estado debajo de la mesa de trabajo del gabinete) son estremecedoras, pero uno supondría, para el tamaño de la pandemia relativamente bajas. Hay una razón, lectora, lector y lectere, y García Soto, en su infinito profesionalismo la revela. ¿Están listos? Aquí vamos: “En ese reporte, los especialistas del gabinete de salud le comentaron al Presidente que ‘por un tema de genética, la raza mexicana tiene mayor resistencia a este tipo de virus que otras razas como la europea’ (sic con comillas incluidas) y argumentaron que tiene que ver con el genoma mexicano y con el mestizaje por lo que esperarían que eso influya en el impacto que tenga el nuevo coronavirus entre la población mexicana”.

La olla del mondongo se volcó por sí misma como si tuviera una vida. Ya lo decía la señora Gamesa: sí había gato encerrado en las muy bajas cifras de contagio: un gato genómico, un felino genético, ah, al fin los dioses nos favorecen. Una de arena por las que van de cal, o como se diga. Gilga meditó con seriedad científica y quiso abrazar a García Soto, pero no son tiempos de abrazos.

Gamés trae también lo suyo en la mochila: ¿qué creían, que los tacos de suadero no creaban en el mestizo mexicano un escudo? Sépanlo, no sólo el Presidente tiene escudo. ¿Y qué le dicen a Gil del taco de nana? A ver: denle un taco de nana a un alemán. ¿Dónde acaba? En el panteón, señores y señoras. Traigamos a un suizo puro, no una mezcla, y démosle un kit de taco de ojo bien cargadito con sus papas y bañado en chile morita. El suizo se los cambiaría con lágrimas en los ojos por un coronavirus de los grandes.

Comidas

No olvidemos que los antiguos mexicanos comían pozole con carne humana. Fue así como se modificaron los genes. Cortés cenaba sus buenos huevos rotos, pero en lugar de jamón serrano le ponían un trozo de hígado. Y el cocido, ¡mi madre!, Alvarado se lo empacaba con riñones de guerrero azteca y pedazos de muslo de mujer sacrificada (no se aceptan feminismos en esta hora).

Oiga, García Soto, Gilga está de acuerdo con lo que a usted le reportaron: el genoma mexicano aguanta tornillos. Gil nombra a García Soto periodista de fuste y fusta en tiempos del coronavirus. Amigo García: siga usted escribiendo (ah, un gerundio) ese periodismo de gran veracidad.

Gil leyó este consejo de un especialista. Un médico de Milán avisa: salir a la calle con un único par de zapatos, al regresar (en caso de que vuelva), dejarlos fuera de la casa. Imposible: Gil siempre sale a la calle con dos pares de zapatos. Es el error del coronavirus que se acerca demasiado a los periodistas y los vuelve locos.

Todo es muy raro, caracho, como decía Mark Twain : “Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño”.

Fuente: Milenio